Historia

Les presentamos más de 100 años de historia empresarial siempre de la mano de los valores de nuestro país.

En la actualidad seguimos adoptando los mismos valores y tradición que nos han caracterizado siempre.

El 3 de octubre de 1903 –el mismo mes y año en que la ciudad de Santiago fue capital de la república–, dos meses y veintiséis días antes de cumplir diecinueve años, Eduardo León Jimenes fundó «La Aurora» en ochenta tareas de tierra cultivadas de tabaco, en la comunidad de Don Pedro, Guazumal, provincia de Santiago. Según la tradición familiar, el nombre de la nueva empresa fue inspirado por el de doña Aurora, esposa de don Juan Hernández, ambos vecinos de Antonio León, que influyeron mucho en Eduardo para que instalara su fábrica de cigarros.

«LA AURORA» había comenzado sus operaciones como una pequeña empresa de carácter familiar, bajo la conducción de Eduardo León Jimenes, un mozalbete visionario que a la vuelta de unos decenios iba a convertirse en el nombre por antonomasia del industrial tabaquero en la República Dominicana.

Eduardo León Jimenes, siempre apegado a los principios establecidos por la ley, obtuvo para su empresa el correspondiente título, con número de registro 245, de fecha 16 de noviembre de 1911, en el cual se consigna: «Que en la Secretaría de Estado de Fomento y Comunicaciones ha sido registrada, en esta fecha, en favor del señor EDUARDO LEÓN, industrial, del domicilio y residencia del Guazumal, Provincia de Santiago, República Dominicana, la marca de fábrica «LA AURORA», que se acompaña a la presente certificación, aplicada a tabacos, y la cual consiste en un marco de orlas de forma irregular, el cual encierra en el centro la siguiente inscripción: Un busto de mujer dentro de un cuadro ornamentado; sobre de este cuadro se lee el nombre de fábrica o sea «LA AURORA», y debajo del mismo cuadro se lee: «EDUARDO LEÓN».

Eduardo tuvo que luchar mucho y pasó momentos apretados, cuando pocos bancos se aventuraban a prestarle dinero, pero su entusiasmo nunca decayó. Las fotografías de su juventud, sentado al escritorio donde realizaba su faena diaria, solo o junto al fiel Ramón Aybar, lo muestran con una sonrisa de satisfacción por el deber cumplido y esperanza en el porvenir.

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Nacida como una pequeña empresa familiar integrada por muy pocos empleados, «La Aurora» fue creciendo y consolidándose en medio del ambiente rural en que había surgido. Luego, en los inicios de la segunda década del siglo pasado (1913), se produjo su traslado a Santiago de los Caballeros, ciudad donde se convirtió, en el año clave de 1930, en una compañía anónima: E. León Jimenes, C. por A.

Ese cambio coincidió con la implantación en el país de un largo régimen autoritario. Durante el dilatado período de restricciones operativas instrumentadas por la dictadura que arropó la nación, no hubo decaimiento ni fisuras familiares. Ninguna adversidad logró socavar los principios éticos del fundador de la empresa, don Eduardo León Jimenes; ni luego de su fallecimiento, en 1937, nada pudo debilitar los arraigados valores morales de sus descendientes.

La familia y la empresa se mantuvieron siempre cohesionadas, resistiendo todo tipo de dificultades, pero decididas a defender el ideal que don Fernando enarbola dignamente: «Tenemos que mantener la unidad familiar que es la base de todo...Trabajar sin desviarse de la meta que hemos trazado de competir con calidad y honestidad».

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Decapitada la dictadura de Trujillo, E. León Jimenes,C. por A., entró en una fase de crecimiento inusitado, a través de la producción de cigarrillos, sobre todo después de su asociación con Philip Morris International, en 1969, que marcó un hito extraordinario en su proceso de evolución.

El señor Geoffrey C. Bible, presidente de Philip Morris Companies, muchos años después de aquella alianza, en el homenaje tributado a don Eduardo León Asensio con ocasión de su retiro, expresó: «E. León Jimenes es nuestra más exitosa aventura empresarial, en cualquier negocio, cualquier región, cualquier país alrededor del mundo».Y refiriéndose al homenajeado aseguró que [don Eduardo] «fue la luz que ha guiado a esos negocios [...] un hombre de negocios [...] un hombre público [...] un hombre de principios».

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Con la incursión de la empresa en la industria cervecera, primero la instalación de Cervecería Bohemia, S. A., inaugurada en 1983, y después la adquisición, en 1986, de la mayoría de las acciones de la Cervecería Nacional Dominicana (CND), se multiplicó la complejidad estructura de la empresa en todos los sentidos: inversión y mejoramiento de las plantas, diversificación de funciones, planes operativos y proyectos, incremento de empleados, ventas, impuestos, beneficios. De ahí que en 1987, E. León Jimenes, C. por A., creara su filial: Empresas León Jimenes, S.A., dividida en dos grandes conglomerados, bajo la asesoría y los servicios de una alta administración.

Empresas León Jimenes, S.A., reunía, por un lado, el Grupo Tabaco: Agroindustria León Jimenes, S. A., Industria de Tabaco León Jimenes, S. A., y «La Aurora», S. A., y, por otro, el Grupo Cerveza, compuesto por Cervecería Nacional Dominicana, C. por A. (CND), y Cervecería Bohemia, S.A. En 1996 fue creada Indal, S.A., empresa dedicada al mercadeo de bebidas en polvo y otros productos.

Finalmente, en el año 2000, todas las industrias del consorcio fueron aglutinadas en la actual estructura organizativa, bajo la denominación conjunta de Grupo León Jimenes, presidido por don José León Asensio y un equipo integrado por los señores Abel Wachsmann (Vice-Presidencia Cigarrillos), Guillermo León Herbert (Vice-Presidencia Cigarros), Rafael Menicucci (Vice-Presidencia Cerveza), Franklin León Herbert (Vice-Presidencia Negocios), y Carlos Guillermo León Nouel (Vice-Presidencia Ejecutiva).

El Grupo León Jimenes –a la vanguardia en el ámbito industrial y comercial de la nación–, reconoce que el sector exportador es vital para el desarrollo del país y que es preciso, para lograrlo,la creación de un clima de seguridad y protección, que necesariamente no implica privilegios en detrimento de otros agentes o sectores económicos. Mientras tanto, el consorcio sigue contribuyendo al desarrollo artístico, cultural y comunitario del país, porque, para decirlo con palabras de don José, «el empresariado moderno tiene responsabilidades de carácter social que trascienden sus obligaciones gerenciales. El éxito de una empresa está íntimamente asociado a la comunidad, que consume sus productos y adquiere sus servicios. Es una relación de mutua conveniencia. Por lo tanto, toda empresa moderna está obligada a asumir una cuota de responsabilidad en la lucha por la solución de males que aquejan a la comunidad donde se desenvuelve.

Nuestro apoyo al arte, la cultura, el deporte, etc., se enmarca, ya sea en el plano estrictamente familiar como en el empresarial, dentro de este concepto».

Ya hemos visto, a lo largo de esta apasionante historia empresarial fundada en la unidad familiar, valores compartidos y respeto mutuo a la individualidad personal sin desmedro de las metas comunes, que el núcleo primigenio de la empresa ha sufrido una serie de transformaciones que se ajustan, en cada momento histórico, a los mecanismos de su propia evolución.

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